No sé qué varita mágica te
tocó.
No sé si fue Dios o Satanás.
No sé qué hiciste mal.
No sé porqué te tocó a ti.
¿A quién hiciste algo de daño?
Si no habías ni nacido,
y ya te tocó con su varita.
¡Qué has podido hacer tú, a Dios!
Repaso todos nuestros momentos,
Y me pregunto que pude hacer mal.
En qué momento pude cambiarlo.
Y no encuentro ninguna respuesta.
Y aquí estoy, como siempre.
Escuchando música tranquila,
pensando en nada y llorando.
¡Porqué te han castigado tanto!...
Lo que si sé es una cosa.
Mientras tenga cabeza.
Mientras me dure la cordura,
lucharé por ti. No te dejaré.
Tanto olvidar para no sufrir…
Que sin querer se me olvida todo.
Y así me viene ese olvido terrible.
Ese olvido de todo, tan cruel.
Y yo, en esta habitación tan
oscura,
a ese Dios que te tocó con su
varita,
en esta silla tan sencilla y tan
dura,
Me atrevo a pedirle solo una
cosa.
Que me de fuerzas para resistir.
Que no me abandone nunca,
para que seas una chica feliz,
para poder luchar por ti.
Que me de las cargas a mí.
Porque en tu felicidad vivo yo.
Sigo estando dentro de ti.
Solo le pido luchar, hasta el
fin.
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