miércoles, 13 de febrero de 2013

El poder de la casualidad


Uno de los libros que he leído últimamente (El Cisne Negro, de Nassim Nicholas Taleb) habla sobre la importancia de la casualidad y de lo mal que se le da al ser humano aceptar la importancia de lo casual en nuestras vidas.

Curiosamente, la habilidad de buscar patrones es lo que nos ha permitido sobrevivir como animales y llegar vivos como especie donde estamos. Si el ser humano no fuera capaz de encontrar patrones con rapidez se hubiera extinguido hace mucho tiempo. De hecho, somos “genios” intuitivamente en la búsqueda de patrones. El problema de todo esto es que infravaloramos el poder de la casualidad en muchos aspectos, y por tanto, sobrevaloramos nuestra capacidad para predecir el futuro.

Puesto que a los seres humanos (yo el primero!) nos encanta crear patrones y predicciones, nos gustan los modelos “regulares”, tipo campana de Gauss. Es obvio: nos dan seguridad, tranquilidad y nos permiten tener una sensación de control del entorno que nos facilita la vida. Lo preocupante del asunto es que esto no es más que una ilusión en muchos ámbitos: diría que, llevado al extremo, puede ser algo parecido a una religión: Algo que te crees solo porque te facilita la vida.

La economía es probablemente el campo donde más salvaje es este salto. Es brutal ver como los expertos aciertan o fallan en sus predicciones de forma sistemática, y que estudiando a posteriori, siempre se encuentran miles de causas y se crean teorías que expliquen lo que ha pasado. Sin embargo, cuando sucede algo que vuelve a “reventar” el mercado, volvemos a achacarlo a algo “impredecible”, no a un fallo estructural del modelo. Me parece cuanto menos curioso. De hecho, si hay suficientes “pseudoexpertos” en un área determinada de conocimiento, siempre habrá algunos que por puro azar acierten varias predicciones consecutivas, y se conviertan en gurús.

El caso de la economía (algo de lo que habla mucho el libro, supongo que por el pasado del autor) me parece especialmente llamativo porque es un tema serio ya que tiene relevancia en la vida de mucha gente. Hay ejemplos muy curiosos sobre el problema de tratar de predecir modelos reales (no gaussianos) con la campana de Gaus, fundamentalmente que nos llevan a ignorar los hechos más relevantes. Hay un ejemplo sobre esto que a mi me abrió los ojos.

Supongamos que somos un pavo. Es el día anterior a Acción de Gracias (o del banquete que os apetezca). Nuestro dueño, que lleva meses alimentándonos en un corral, cuidando de que no nos falte nada, deja la puerta abierta accidentalmente. Tenemos la opción de escapar. El pavo piensa: Puesto que me ha cuidado bien durante meses, debo quedarme aquí. Estoy mejor que en la calle. Al día siguiente, el granjero lo mata y se lo come. Quizá su extrapolación, que es perfecta con el patrón que conoce, no fuese del todo exacta. Más correcto sería me alimenta durante meses y luego me mata y me come. Y con esta información ahora es muy fácil crear un modelo que empuje al pavo a escapar, solo que es algo que el no podía saber antes de que sucediese. Nosotros somos ese pavo en muchas situaciones.

Ignorar los casos extremos para calcular una media (que básicamente es lo que hace el pavo aquí) puede conducir a graves errores. El ejemplo de la crisis actual tiene bastante que ver con esto.  Al fin y al cabo, para el cliente/accionista es imposible saber exactamente lo que hace la empresa, y en general, una empresa con mayores rendimientos va a parecer “mejor”. Ahora bien, no podemos asumir que lo es solo por eso, si vamos a descontar el impacto de los eventos “improbables” pero con mucho impacto. Y todo esto sin contar los eventos “impredecibles” de verdad, que pueden hacer perder a empresas grandes cantidades de dinero, pero que no se tienen en cuenta a la hora de calcular la rentabilidad de una inversión.

Con toda la información que tenemos ahora (las famosas hipotecas NINJA etc) es muy fácil “ver” que esto iba a pasar. A toro pasado todos somos Manolete, que decía mi abuelo. Sin embargo, muy poca gente lo vio y de ellos, nunca sabremos cuantos lo acertaron por casualidad (si buscas lo suficiente, casi todo lo que ha pasado en la tierra se ha predicho. Decimos demasiadas cosas sobre el futuro cuando lo desconocemos!).

En el caso de los bancos, su política (para ellos) ha acabado siendo acertada. Han ganado más dinero durante mucho tiempo, y muchos de ellos han sobrevivido con dinero público cuando han tenido que pagar las consecuencias de sus decisiones. Sin embargo, esta tendencia a crear patrones “gaussianos” es inherente al ser humano . La idea es que despreciar las situaciones poco probables solo tiene sentido cuando su peso sobre la muestra es realmente pequeño, no cuando pueden modificar gravemente el cómputo global.

Lo malo de todo esto es que es muy impredecible. Es imposible saber cual será la próxima crisis, (o si saldremos de esta!) y en general, tendemos a dar por supuesto muchas cosas solo por nuestra comodidad (como que el estado no va a quebrar, que no vamos a entrar en guerra o que los expertos de muchos temas saben realmente de lo que hablan cuando predicen el futuro). El consejo que se puede sacar de esto es simple: No te expongas a estar en una situación lo suficientemente mala si las previsiones de los demás se equivocan. El futuro es muy difícil de controlar (y sino, que le pregunten a los millones de divorciados), y lo mejor que puedes hacer al respecto es tener siempre una buena dosis de escepticismo, y planificar las cosas con mucha flexibilidad. No importa quién te diga algo respecto al futuro (sobre todo si es lejano, predecir el horario del cine para el mismo día es bastante fiable): Siempre puede estar equivocado. Lo mejor que puedes hacer es intentar que “nada” te destroce la vida más allá de lo inevitable (desde luego, hay acontecimientos impredecibles como que el planeta implote que van a tener bastante impacto en la vida de todo el mundo, pero no todos los acontecimientos impredecibles son tan inevitables, o sus consecuencias tan poco mitigables).

Lo curioso de esto es que el plan empresarial de muchas empresas es directamente opuesto a esto. Quizá mi percepción de las cosas sea muy filosófica, pero el fundamento de pedir todo el dinero posible por los beneficios futuros me parece arriesgado, sobre todo cuando en la actualidad la empresa genera mucho valor. Si el futuro es diferente a tus previsiones y el hecho de que la empresa cierre resulta desastroso para mucha gente (particularmente, para la gente que toma las decisiones) no le veo mucho sentido. Vamos, que habría que dar un grado de confianza a los beneficios futuros más moderado del que se suele emplear en muchos negocios si las consecuencias de equivocarse van a ser muy graves. O quizá es que las consecuencias no son graves y no les importa quebrar, en cuyo caso asumir riesgos de este tipo para crecer más puede ir cobrando sentido.

Aplicado a nuestra vida, la idea sería simple:

 Piensa que el futuro es más impredecible de lo que parece, e intenta evitar ponerte en una situación en la que algo improbable te destroce. Y no te obsesiones por ello, ya que es impredecible.

(Es una copia de un pensamiento de otra persona con pequeños cambios)



:P-

miércoles, 16 de enero de 2013

El momento


La misma pregunta, a la misma persona,

en diferentes momentos, tiene diferentes respuestas.

Y todas son verdad.  
 
Solo hay que buscar el momento.

 

domingo, 9 de diciembre de 2012

MÚSICA



Una habitación en penumbra.
Una vieja lámpara esculpe mi silueta.
Un hilo de música suena de fondo.

Es la música, la que habla por mí.
Es la música, la que responde por mí.
Es la música, la que se pregunta en mí.

¿Qué es la razón? ¿Qué es el corazón?
¿Qué es creación? ¿Qué es soledad?
¿Qué es sentir? ¿Qué es felicidad?

Un pobre hombre viejo tiene dudas.
Un pobre anciano se pregunta.
¿Quién puede vivir sin música?


viernes, 9 de noviembre de 2012

VERDADERO O FALSO


Para saber si algo es verdad, solo te tienes que fijar, en que la mayoría cree que es falso. 
Entonces sabes, casi con seguridad que es verdad.


¿O no crees que esta frase es falsa?

jueves, 11 de octubre de 2012

PREGUNTAS


¿Qué pregunta puedo preguntar?
¿Qué acierto tengo que acertar?
¿Qué solución tengo que dar?

¿Qué es, en todo, lo correcto?
¿Qué es triunfar en la vida?
¿Quién tiene razón?

¿ Dónde se queda el presente?
 ¿Qué es lo actual?
¿A dónde va el pasado?


La muerte será mi salvación.


  .

domingo, 16 de septiembre de 2012

JUVENTUD Y VEJEZ



  -La juventud es ignorancia y apariencia, la vejez es sabiduría y silencio.







martes, 14 de agosto de 2012

ALEA IACTA EST Parte 2


No se cambia nada desde que se nace,  siempre ocupamos el mismo puesto en la jerarquía de la vida,  cambiamos solo superficialmente, o sea, para la mayoría se cambia porque  no vemos mas allá, pero si te quedas con lo intrínseco, con lo que es, en si mismo, no se cambia nada. La naturaleza y la genética te lo da todo, es como si la misma genética, la misma naturaleza , se desarrollara con diferentes circunstancias y en diferentes personas, pero es una sola cosa, que se desarrolla en diferentes personas, y esa cosa es la que no cambia. El  animal (por ejemplo el perro o el gato) nada mas nacer ya tiene grandes diferencias,( e incluso en el vientre materno),  uno es perro y otro es gato, eso es lo que va a ser cada uno. Gracias a lo que tiene, lo demás se desarrolla. El niño que nace en África y muere de hambre por muy inteligente que sea, la persona que nace con síndrome down por ejemplo, ¿que mérito ha hecho él para merecerlo?  Eso lo distinguimos bien, pero ¿quién distingue lo que son las personas, en si mismas? ¿Quién distingue las diferencias ínfimas? las que siendo imperceptibles, van a dar lo que es cada uno, y que nos achacamos a nuestra personalidad? ¿Quién distingue en el óvulo recién fecundado, en el embrión, lo que va a ser cada uno?  Eso es más difícil.

En clase, de niño, el que se aburre y no le gusta, tendrá un trabajo que le aburre y no le gusta,  el que atiende y le gusta, trabajará en algo que le gusta, el que odia la clase, tendrá trabajos y los odiará.  Estamos marcados desde hace varias generaciones, nos creemos que nuestra voluntad y nuestro destino lo forjamos nosotros. ¡Qué complejo de superioridad tenemos, cuando nos va bien en la vida!  No merece casi la pena ni hablar, porque nos creemos demasiado importantes, como para admitir que la mayoría de lo que somos, nos viene dado. Como decía Albert Einstein: “No tiene importancia lo que soy o lo que he hecho, porque no ha sido mérito mío”.